
—Cuando su hermana estaba a punto de perderlo todo, Harrison compró sus deudas de manera anónima y después se las perdonó. Nunca quiso que ella supiera quiénhabía sido.
No entendía nada.
—¿Por qué?
El abogado señaló la fotografía.
—Porque Elena salvó la vida de Harrison.
Me quedé inmóvil.
Años atrás, mucho antes de que Harrison se convirtiera en el hombre rico que todos conocían, había sufrido un grave accidente de carretera durante un viaje. Elena había sido una de las primeras personas en encontrarlo. Se quedó con él, pidió ayuda y permaneció a su lado hasta que llegó la ambulancia.
Harrison nunca olvidó aquel gesto.
Pero Elena jamás quiso aceptar una recompensa.
Por eso él la ayudó años después sin decirle la verdad.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
De repente comprendí algo que me dejó aún más desconcertada.
—Entonces… cuando Harrison me conoció en la residencia, ¿ya sabía quién era yo?
El abogado tardó demasiado en responder.
—Sí.
Aquella palabra me dolió más de lo que esperaba.
Todo lo que habíamos vividocomenzó a pasar por mi cabeza: nuestro primer encuentro en el patio, las partidas de ajedrez, las tardes de música, su propuesta de matrimonio.
¿Había sido todo planeado?
—¿Se acercó a mí por Elena?
—Al principio, sí.
Tuve que apartar la mirada.
Pero entonces el abogado deslizó una carta hacia mí.
Reconocí inmediatamente la letra de Harrison.
En el sobre decía:
«Para Isabel. Léela antes de juzgarme.»
Lo abrí.
“Querida Isabel:
Hay algo que nunca tuve valor para contarte.
Cuando llegaste a la residencia, reconocí tu apellido. Pregunté por ti y descubrí que eras la hermana de Elena.
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