
Tras el funeral de Harrison, sus tres hijos (Daniel, Patricia y Roberto) van a buscar pleito con su viuda, Isabel, y el abogado Mendoza para quitarles un sobre secreto. Acusan a Isabel de interesada y Daniel le pone enfrente un papel para que renuncie a toda la herencia a cambio de 200,000 euros. Isabel los manda a volar, recordándoles que mientras su padre agonizaba ellos ni se asomaban, y que ella fue quien lo cuidó hasta el final.
Al marcharse furiosos, el hijo menor suelta el nombre de la “Fundación Elena”. El abogado Mendoza le explica a Isabel la gran sorpresa: Harrison no era un viejito pobre en el asilo donde se conocieron, ¡él era el mero dueño del edificio! Creó esa fundación en memoria de su hermana fallecida para apoyar a ancianos sin recursos.
El golpe maestro de Harrison fue dejar a Isabel como Presidenta de la fundación y transferirle no solo los 37 millones de euros que ya tenía, sino otros 148 millones de euros de su fortuna personal (casi 200 millones en total), evitando que cayeran en manos de sus ambiciosos hijos. Al final, el abogado le entrega a Isabel una pequeña llave plateada con el número 317, perteneciente a una caja de seguridad en el banco que Harrison guardó en secreto durante 29 años.