
Transferencias entre subsidiarias.
Obligaciones clasificadas de manera extraña.
Emily levantó la mirada.
—¿Quién preparó estos estados?
Daniel señaló una línea.
Emily reconoció el nombre.
Era el mismo ejecutivo que había invitado a Grant a cenar varias veces durante los últimos meses.
—¿Por qué me muestras esto?
—Porque preguntaste por trabajo.
Emily cerró la carpeta.
—Todavía no sabes si quiero involucrarme.
—Lo sé.
Daniel se levantó.
—Por eso te digo algo más.
Emily esperó.
—No necesitas demostrarle nada a nadie.
Aquella frase la acompañó durante todo el camino de regreso.
Cuando llegó a casa, Grant estaba en el salón.
Ivy dormía en su cochecito.
—¿Dónde estabas?
—Tomando café.
—¿Con quién?
Emily lo miró.
—Con alguien de mi antigua empresa.
La expresión de Grant cambió.
—¿Para qué?
—Hablamos de trabajo.
Grant soltó una risa incrédula.
—¿Trabajo?
—Sí.
—Emily, acabas de tener una hija.
Ella sostuvo su mirada.
—Lo sé.
—No puedes simplemente volver a una carrera como si nada hubiera pasado.
Emily respondió tranquilamente.
—¿Por qué no?
Grant abrió la boca.
Después la cerró.
—Porque tenemos responsabilidades.
—Exactamente.
Él frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Que las responsabilidades son de los dos.
Grant se levantó.
—¿Quién cuidará de Ivy?
—Podemos organizarlo.
—¿Y la casa?
—Podemos organizarlo.
—¿Y las comidas?
—Podemos organizarlo.
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