
Su abuelo.
El hombre que había muerto cuando ella era pequeña.
Antes de que pudiera escribir otra pregunta, alguien golpeó violentamente la puerta.
Gideon se levantó.
Rosalie vio su mano dirigirse hacia el rifle.
—¡Rosalie!
Reconoció la voz.
Merrick.
Su hermano entró cubierto de nieve.
Cuando vio el cuenco, se quedó inmóvil.
—Lo sacaste.
Rosalie sintió un escalofrío.
—¿Cómo sabes lo que es?
Merrick cerró la puerta.
—Porque papá sabía que estaba ahí.
Gideon avanzó hacia él.
Merrick levantó ambas manos.
—No fui yo.
Rosalie se interpuso.
—¿Por qué mi padre sabía esto?
Merrick la miró.
—Porque los cincuenta dólares nunca importaron.
Aquellas palabras dolieron más que la cantidad.
—Entonces ¿por qué me entregó a Gideon?
—Necesitaba que entraras en esta casa.
Silencio.
Merrick sacó una carta vieja.
—Encontré esto entre sus papeles.
Rosalie la abrió.
La letra pertenecía a Abraham Rook.
Cuando la niña Ashford llegue a la casa
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