
Uno de los asistentes miró hacia la zona de árboles y dejó de hablar.
Había visto una figura moviéndose entre la vegetación.
Era un león adulto de gran tamaño, con una melena oscura, avanzando lentamente hacia el lugar donde estaban reunidos todos.
La reacción fue inmediata.
La gente retrocedió por instinto. Algunos buscaron alejar a los niños. Otros quedaron inmóviles intentando entender qué estaba ocurriendo.
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Un animal salvaje de ese tamaño no era algo que nadie esperara ver en un funeral.
Los guardias de la reserva levantaron sus armas, preparados para cualquier situación.
Pero el director de la reserva dio una orden clara.
—Nadie dispare.
El león no corría.
No gruñía.
No mostraba señales de querer atacar.
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Simplemente caminaba hacia el ataúd.
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