
Adrian intentó sonreír, pero lo que le salió fue un gesto conmovido que le humedeció las pestañas.
—Todavía no, pequeña. Pero… quería preguntarte algo sobre la foto.
Mia miró hacia el escritorio.
—Es mi papá —dijo bajito—. Mamá dice que él es una estrella en el cielo y que cuida de nosotras. Pero a veces, cuando mamá cree que ya estoy dormida, saca esa foto de su cajón y le dice que desearía que estuviera aquí para ver cómo crezco. Por eso pensé que tú… como te parecías un poquito a él… podías ayudarnos.
Una lágrima solitaria cruzó la mejilla de Adrian Kane. El magnate intocable, el hombre que hacía temblar a Wall Street con una sola mirada, se arrodilló por completo sobre la alfombra gris de su oficina.
—Mia… —dijo con la voz temblorosa, tomándole con suavidad su manita libre—. Tu papá era mi hermano gemelo. Era la persona más buena, divertida y valiente que jamás conocí. Y te prometo una cosa: él nunca se fue del todo. Te dejó a ti.
La niña abrió los ojos de par en par, mirando a Adrian y luego mirándome a mí en busca de confirmación.
—¿Mamá? ¿Él es mi tío?
Asentí en silencio, tapándome la boca mientras el llanto me doblaba las rodillas.
Adrian se puso de pie, me tomó del brazo para sostenerme antes de que cayera al suelo y me envolvió en un abrazo firme, protector y cargado de un dolor compartido que llevaba siete años buscando consuelo.
—Se acabó, Elena —me susurró al oído con una determinación de acero—. Se acabaron las sombras, los dobles turnos y el miedo a mi apellido. No me importa lo que haya dicho mi padre en el pasado ni lo que diga la prensa mañana. Mia es una Kane, y más importante que eso: es mi sobrina, la sangre de Julián. Y mientras yo tenga un latido en el pecho, a ninguna de las dos les volverá a faltar absolutamente nada en este mundo.
Esa tarde, la junta directiva no se reanudó. Adrian salió de la torre ejecutiva llevando a Mia sobre sus hombros, riendo juntos mientras la niña sostenía a su elefante de peluche en alto, y a mí tomada de la mano con la frente en alto. Por primera vez en siete años, la pesadilla de estar sola en el mundo se disipó bajo el cielo de Manhattan, sabiendo que el amor y la verdad finalmente habían encontrado su lugar.