
bajo el cuerpo.
Lo abrió con cuidado.
Dentro había una llave de seguridad bancaria y un papel doblado.
El detective lo leyó.
Su expresión cambió.
—Está dirigido a la señora Clara Vance.
Ella tomó la carta.
Reconoció inmediatamente la letra.
Era la de Leonardo.
Con lágrimas en los ojos comenzó a leer.
“Mamá, si estás leyendo esto, significa que alguien intentó hacerme desaparecer. No confíes en nadie hasta hablar con el detective Daniel Ross. Si Verónica insiste en enterrarme rápidamente, es porque alguien necesita que todos crean que estoy muerto.”
Clara sintió que las piernas le fallaban.
Aquella era, sin duda, la letra de su hijo.
El detective levantó la vista.
—¿Quién es Daniel Ross?
Lawrence respondió enseguida.
—Un investigador privado que Leonardo contrató hace meses.
—¿Para qué?
—Porque sospechaba que alguien dentro de la empresa estaba desviando dinero.
Todos miraron a Verónica.
Ella negó desesperadamente.
—¡No fui yo!
El
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