
Martín —dijo ella, sonriendo nerviosa.
Él no sonrió. —¿Y esto con qué dinero lo compraste?
Antes de que ella respondiera, su celular vibró. Martín leyó el mensaje:
“Doña Maribel, mañana firmamos. Traiga el último pago. —Ernesto.”
El rostro de Martín se hardenedció. —¿Ernesto? ¿Quién demonios es Ernesto? ¡5 años quitándome mi dinero para dárselo a otro cabrón!
Maribel abrió un cajón, sacó un sobre amarillo grueso y lo puso frente a él con las manos temblando.
—Antes de decir otra cosa, abre esto.
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PARTE 2
Martín miró el sobre como si fuera una bomba. Y cuando rompió la solapa, sintió que el aire se le atoraba en el pecho. Eran los títulos de propiedad de un terreno a nombre de los dos.
—Ernesto no es ningún hombre escondido —dijo ella con la voz temblorosa—. Es el dueño del terreno. Mañana terminamos de pagarle.
Martín levantó
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