
PARTE 3: El derrumbe de las mentiras
En cuanto la puerta se cerró detrás de Fiona y Leo, el ambiente en el patio se volvió gélido.
Luca intentó dar otro paso hacia mí, pero dos de los guardias de seguridad se interpusieron de inmediato, firmes como muros de concreto.
—A ver, Jessi, bájale dos rayitas —soltó Luca, tratando de recuperar ese tono autoritario que siempre usaba conmigo, aunque la voz le temblaba de puro coraje—. Estás haciendo un circo enfrente de los vecinos. Sabes perfectamente que todo lo que hay aquí lo levanté yo con mi esfuerzo. No me puedes correr como si fuera un perro.
El licenciado Vance soltó una risita seca, acomodándose los lentes mientras sacaba una carpeta gruesa de su portafolios.
—Señor Luca, le sugiero que mida sus palabras —intervino el abogado con una calma aplastante—. El fideicomiso Sterling Trust fue constituido por el abuelo de la señora Jessi hace más de treinta años. Esta propiedad, el terreno colindante y el setenta por ciento del capital inicial de su supuesta constructora provienen directamente de ese fondo. Durante once años, usted gozó de un acuerdo de comodato y administración con una renta simbólica. Pero tras la auditoría forense que concluyó esta mañana, hemos detectado transferencias no autorizadas por más de cuatro millones de pesos hacia cuentas personales… y hacia compras a nombre de la señorita Chloe Martínez.
Chloe pegó un brinco, con la cara completamente desencajada.
—¡¿Qué?! —gritó, volteando a ver a Luca con los ojos desorbitados—. ¡Me juraste que esas transferencias eran bonos de tu empresa! ¡Me dijiste que tu esposa no tenía ni en qué caerse muerta y que dependía enteramente de tu sueldo!
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