
llevado al banco el día anterior creyendo que por fin iba a usar sus ahorros para terminar la escuela de enfermería.
No respondí enseguida.
No porque no supiera qué decir.
Porque acababa de escuchar exactamente lo que necesitaba escuchar.
Mi mamá no preguntó cuánto dinero faltaba.
Mi mamá no preguntó cómo había descubierto el retiro.
Mi mamá no
preguntó qué iba a pasar con mi colegiatura.
Preguntó por su reputación.
Eso me hizo recordar la llamada que le había hecho desde el hospital meses atrás, cuando miabuela estaba
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