
Parte 2: A la mañana siguiente preparé café como siempre.
Julián bajó vestido para trabajar y besó mi frente.
“¿Ves? Camila sigue dormida. Solo estaba cansada.”
Lo miré sonriendo.
“Tenías razón.”
Él sonrió satisfecho.
Esperé hasta que su camioneta desapareció.
Después corrí al cuarto de Camila.
Seguía demasiado somnolienta.
La envolví en una cobija y la llevé directamente a un hospital privado de Ciudad de México donde Julián no conocía a nadie.
Cuando la doctora vio sus pupilas y los moretones pidió estudios inmediatamente.
Dos horas después me hizo pasar a un consultorio.
“Sofía, encontramos sedantes muy fuertes en su organismo.”
Sentí que el suelo desaparecía.
“¿Pudo tomarlos accidentalmente?”
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La doctora negó con la cabeza.
“No en estas cantidades.”
Me explicó que Camila había sido drogada repetidamente y que seguir exponiéndola podía haber provocado consecuencias graves.
Saqué la grabadora de mi bolsa.
“Entonces escuche esto.”
Antes del mediodía intervino la Fiscalía.
Una agente llamada Robles escuchó la conversación completa.
“Podemos detener a su esposo”, dijo.
“No todavía.”
Me miró sorprendida.
“Si lo detienen ahora, Vanessa desaparece.”
Yo había administrado nuestras cuentas durante años. Julián pensaba que solo pagaba servicios y organizaba la casa.
Olvidaba que antes de casarnos había trabajado en análisis financiero.
Revisé transferencias, empresas relacionadas y movimientos que nunca había visto.
Encontré algo peor de lo que imaginaba.
Julián debía una fortuna por apuestas clandestinas.
Y desde hacía meses una empresa llamada Vanguard Medical Research depositaba cantidades enormes en una compañía vinculada a Marcos.
La representante era Vanessa Salgado.
Los investigadores de la Fiscalía ya conocían su nombre.
Operaba clínicas clandestinas donde se realizaban pruebas ilegales para empresas dispuestas a pagar por resultados que jamás pasarían una revisión médica normal.
Entonces entendimos todo.
Mi esposo estaba entregando a nuestra hija para pruebas experimentales a cambio de dinero.
Los moretones provenían de procedimientos y sujeciones.
Los desmayos eran provocados.
Y Julián había permitido cada uno.
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La agente Robles quiso detenerlo inmediatamente.
Pero mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Julián.
“Amor, mañana trabajaré hasta tarde. Marcos puede recoger otra vez a Camila para que tengas la tarde libre.”
Miré a la agente.
Después escribí:
“Perfecto. A ella le encanta salir con su tío.”
Robles entendió.
“Mañana intentarán hacerlo otra vez.”
Negué lentamente.
“No.”
Guardé el teléfono.
“Mañana van a creer que lo están haciendo otra vez.”
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