—¿Puedes guardar un secreto, Owen?
—Porque mi padre pasó los últimos años de su vida buscándola.
No
entendía
nada.
Helena abrió un cajón y sacó una fotografía amarillenta.
Mostraba a dos jóvenes frente a un laboratorio.
Uno era su padre.
La otra era mi madre.
—Trabajaron juntos durante años —explicó—. Pero después de un conflicto por la patente, Margaret desapareció del proyecto.
Miré la fotografía con manos temblorosas.
—Mi madre nunca me habló de esto.
Helena bajó la mirada.
—Quizá intentaba protegerte.
En ese instante sonó mi teléfono.
Era un mensaje de un número desconocido.
«Owen, sal de esa casa. Helena no te está contando toda la verdad».
Sentí que la sangre se me helaba.
Le mostré la pantalla.
Helena retrocedió inmediatamente.
—Dios mío…
—¿Qué ocurre?
Ella abrió lentamente una carpeta.
Dentro había un documento firmado veinticinco años atrás.
En la primera página aparecía el nombre de mi madre.
En la segunda, el del padre de Helena.
Pero lo que me dejó sin respiración fue una anotación
escritaa mano:
«Proyecto Vance: expediente de filiación reservado».
—¿Qué significa esto? —pregunté.
Helena comenzó a temblar.
—Mi padre me contó que Margaret había tenido un hijo. Pero nunca me dijo quién era.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
La profesora me miró con lágrimas en los ojos.
—Owen, ¿alguna vez conociste a tu padre?
Negué lentamente.
—Mi madre decía que había muerto antes de que yo naciera.
Helena cerró los ojos.
Durante unos segundos, solamente escuchamos la lluvia.
Después sacó una carta del fondo de la carpeta.
—Mi padre escribió esto poco antes de morir.