
Brianna dejó caer una de las bolsas.
—¿Qué es esto?
Su madre se levantó sonriendo.
—¡Sorpresa!
Austin permaneció junto a la mesa.
—Ven. Siéntate.
Brianna no se movió.
Miraba la caja.
—Austin, ¿qué estás haciendo aquí? Dijiste que regresabas el domingo.
—Mentí.
La palabra cayó con una precisión cruel.
—Aunque solo por dos días.
Brianna tragó saliva.
—No entiendo.
—Yo tampoco entendía muchas cosas.
Austin levantó la caja.
—Por eso preparé esto.
El padre de Brianna sonrió, todavía confundido.
—¿Es un regalo?
—En cierto modo.
Austin retiró la tapa.
Dentro había un reloj de oro con esfera azul.
Brianna dejó de respirar.
Nadie habló durante varios segundos.
Su hermana menor fue la primera.
—¿Ese no es el reloj del señor Vance?
Brianna miró a Austin.
—Puedo explicarlo.
—Perfecto.
Él señaló una silla.
—Explícalo.
—No delante de todos.
—Anoche dijiste delante de mí que estabas durmiendo en nuestra cama.
La madre
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