
Mientras transcurrían las horas, la falta de agua potable comenzó a convertirse en uno de los problemas más graves. La tripulación no contaba con recursos suficientes para mantenerse en buenas condiciones durante un período prolongado y el calor, el cansancio y la incertidumbre dificultaban cada vez más la supervivencia.
La situación de Meg también empeoró después de sufrir una lesión en una pierna. La herida complicó todavía más las posibilidades de recuperación de la mujer, que permanecía en la balsa junto a sus compañeros. El paso de los días, sumado a la falta de suministros, fue deteriorando el estado físico y mental del grupo.
En esas circunstancias, la deshidratación y la confusión comenzaron a afectar la capacidad de tomar decisiones. John y Mark recurrieron a beber agua de mar, una conducta peligrosa que puede aumentar la pérdida de agua del organismo debido a su elevada concentración de sal. En lugar de aliviar la sed, esta práctica puede empeorar la deshidratación y favorecer la aparición de alteraciones físicas y mentales.

Según el relato de lo sucedido, John comenzó a experimentar alucinaciones y terminó saltando al océano, aparentemente convencido de que podía llegar a tierra firme. La decisión lo expuso a un riesgo extremo, ya que se encontraba en aguas donde había tiburones.
Deborah describió posteriormente el momento en que el grupo comprendió que John había desaparecido. «De repente escuchamos un grito agudo. Espeluznante. Luego todo terminó, silencio. No hubo llanto, nada. No había duda de lo que le había pasado. Los tiburones lo atraparon», relató.
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