Después de recuperar su libertad, Jaycee decidió mantener un perfil relativamente reservado y proteger su vida personal. En 2011 publicó sus memorias, tituladas A Stolen Life, una obra en la que relató su experiencia desde su propia perspectiva y explicó diferentes aspectos de los años que pasó alejada de su familia.

La historia posteriormente fue llevada a distintos formatos audiovisuales. Entre ellos se encuentra The Abduction of Jaycee Dugard, documental que reconstruye la desaparición, los años de aislamiento y las circunstancias que finalmente permitieron localizarla. El caso también fue abordado por otras producciones televisivas dedicadas al crimen real.

Más allá del interés generado por la investigación policial, el caso de Jaycee Dugard también permitió analizar fenómenos como el aislamiento prolongado, la manipulación, la dependencia y el miedo. Estos factores pueden influir profundamente en la capacidad de una persona para buscar ayuda, especialmente cuando se encuentra sometida durante largos períodos a una situación de control.
La historia también dejó interrogantes sobre los mecanismos de supervisión de personas en libertad condicional y sobre la necesidad de que las instituciones mantengan controles adecuados cuando existen antecedentes de delitos graves.
A más de tres décadas de su desaparición, el caso continúa despertando interés porque combina una búsqueda prolongada, fallas institucionales y un desenlace que permitió que Jaycee recuperara su libertad y reconstruyera su vida junto a sus hijas.

The Abduction of Jaycee Dugard recupera precisamente esa historia y permite conocer, desde una perspectiva documental, cómo una desaparición ocurrida en 1991 terminó resolviéndose 18 años después. La historia de Jaycee se convirtió así en uno de los casos más conocidos de personas desaparecidas en Estados Unidos, y su posterior recuperación puso nuevamente sobre la mesa la importancia de la investigación, la supervisión institucional y el acompañamiento a las víctimas después de recuperar su libertad.