Un hombre llegó de urgencia a una clínica médica quejándose de una protuberancia en la nuca que no paraba de crecerle desde hacía varias semanas.
Al principio, tanto él como su familia pensaban que se trataba de un simple barro enterrado o un piquete de araña inflamado, por lo que intentaron remedios caseros colocándose compresas calientes y ungüentos sin éxito alguno.
Sin embargo, en cuestión de días la hinchazón se volvió del tamaño de una pelota de golf, cambiando a un color rojo intenso, ardiendo al tacto y generando dolores de cabeza tan fuertes que casi no le permitían voltear el cuello.
Al examinarlo de cerca en la sala de curaciones, los médicos se percataron de que no era una simple espinilla.
Se trataba de un quiste epidermoide gigante severamente infectado que ya estaba presionando tejidos profundos y amenazaba con reventar hacia el interior del cuerpo, lo que habría provocado una sepsis peligrosa para su vida.
Un especialista tuvo que realizar una incisión de emergencia para drenarlo. En el momento exacto en que pincharon la cápsula, la presión acumulada comenzó a expulsar una cantidad impresionante de líquido purulento y queratina espesa acumulada durante meses, una escena tan gráfica e impactante que incluso al personal de enfermería le costó mantener la compostura.
Tras una limpieza profunda y desinfección total de la cavidad, los doctores lograron extraer la pared del quiste para evitar que vuelva a formarse, dejando al paciente fuera de peligro y con un vendaje compresivo.Los médicos aprovecharon este caso para lanzar una advertencia muy clara: nunca se deben exprimir ni picar este tipo de bolas en casa con agujas o los dedos.
Intentar reventar un quiste infectado en una zona delicada como el cuello puede propagar bacterias directo al torrente sanguíneo o dejar infecciones graves.
Ante cualquier bulto que crezca rápido, duela o cambie de color, la única opción segura es acudir de inmediato con un profesional de la salud.