—¿Quién autorizó su entrada?

El supervisor guardó silencio.

Después señaló un código en la computadora.

—La autorización aparece registrada a nombre de la subdirectora Elena Vargas.

Ricardo se levantó lentamente.

—Eso es imposible.

Elena llevaba quince años trabajando en aquella prisión.

Era una funcionaria respetada.

Una mujer que siempre había defendido la disciplina y el cumplimiento de las normas.

Pero las imágenes mostraban algo que ningún informe podía justificar.

Ricardo ordenó revisar todas las grabaciones de aquella semana.

Encontraron otras seis visitas nocturnas.

Siempre el mismo guardia.

Siempre la misma autorización.

Y siempre la cámara interior de la celda dejaba de grabar durante varios minutos.

—Alguien manipuló el sistema —murmuró el técnico.

Ricardo golpeó suavemente la mesa.

—Conserven copias de todo. Nadie debe borrar ni modificar estos archivos.

Aquella misma mañana, Carolina despertó en la enfermería.
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