Una pareja llegó a un hotel moderno y bonito buscando relajarse, pero la ilusión les duró menos de una hora:
El hallazgo: Al entrar al cuarto, notaron algo raro pegado con ganas en la pared. Tenía volumen, profundidad y forma esculpida. El esposo soltó el guácala: “Es un nido de insectos”.
El misterio: Le tomaron foto y lo buscaron en internet como “capullo extraño” o “nido de barro”, pero no salió nada. El esposo bromeaba con que era “arte moderno o terror minimalista” para calmar los nervios.
El susto: Al revisar bien el cuarto, el pex se puso más denso: descubrieron marcas iguales pero más chicas escondidas en otras esquinas. Eran como prototipos del mismo nido.
La llamada: Hartos de la intriga, le marcaron a la recepción. Explicaron el asunto intentando no sonar paniqueados. Del otro lado de la línea hubo un silencio incómodo y luego una voz dijo: “Ah… Sí. Ya entendemos”.
En corto: Lo que iban a ser unas vacaciones tranquilas se convirtió en el inicio de una película de terror por culpa de unos capullos misteriosos en la pared. ¡Qué pinche miedo!