
Esta es la historia de Kate Langman, una estilista de Wisconsin que se la rifó como las grandes para ayudar a una clienta que estaba pasando por una fuerte depresión.

Los puntos clave de lo que pasó:
La situación: Una mujer llegó a la estética buscando productos para el cabello. Al platicar con Kate, le confesó que llevaba seis meses sin poder salir de la cama por su depresión y que en todo ese tiempo no se había lavado ni cepillado el pelo. Lo traía amarrado en un chongo que, con el tiempo, se convirtió en un nudo gigante y totalmente enredado.

El proceso: Kate le ofreció ayudarla, pero por la misma depresión, la mujer faltó a dos citas seguidas. Al final, juntó fuerzas, regresó al salón y Kate no lo pensó dos veces. Se pasó más de ocho horas seguidas desenredando, cortando y pintándole el cabello.
El resultado: El cambio fue impresionante y la historia se hizo súper viral en las redes sociales. Kate contó que al terminar el servicio pudo ver cómo le volvió el brillo a los ojos a la mujer.

En conclusión:
La depresión te quita toda la energía y hace que las rutinas más simples (como peinarte) parezcan una montaña imposible de escalar. Kate demostró una empatía enorme al convertirse en ese apoyo que la clienta tanto necesitaba para volver a sentirse ella misma.