Para que el hígado te quede bien suave, tierno y sin ese olor fuerte a metal, aplica estos trucos científicos:
1. El marinado (Innegociable):
Cubre los filetes con leche fría de 30 a 45 minutos en el refri [cite: Coloca los filetes de hígado en un recipiente y cúbrelos por completo con leche líquida fría (puede ser entera, descremada o incluso evaporada)., Déjalos reposar en el refrigerador durante 30 a 45 minutos antes de cocinarlos.]. La leche le quita lo amargo y el ácido láctico ablanda la carne. (Si no tienes leche, usa agua con jugo de limón por 20 minutos).
2. La preparación:
Quita la membrana: Retira la piel transparente de las orillas para que no se encoja ni se ponga duro.
Sécalo bien: Saca los filetes y sécalos con papel absorbente (¡no los enjuagues!).
3. En la estufa:
Cocínalo a fuego alto solo 2 o 3 minutos por lado [cite: El sellado rápido: Calienta un sartén (preferiblemente de hierro fundido o fondo grueso) con un chorrito de aceite o una cucharada de mantequilla a fuego medio-alto., Coloca los filetes bien secos y cocínalos durante solo 2 o 3 minutos por lado.]. Debe quedar dorado por fuera y jugoso por dentro; si te pasas, quedará como suela de zapato.
Échale la sal al final para que no pierda sus jugos.