
Número desconocido.
Con los dedos temblorosos, ella respondió.
La voz en el otro extremo era la que había jurado que nunca más quería escuchar.
– Buenos días, Valeria.
Ella se congeló.
“Rodrigo…”
Se rió suavemente.
“Sé dónde estás”.
Valeria miró hacia el camión.
Sus rodillas casi se rinden.
“No puedes esconderte detrás de ese hombre de negocios para siempre”. Ropade hombre
Ella intentó terminar la llamada.
Pero Rodrigo volvió a hablar.
Y sus últimas palabras le hicieron enfriar la sangre.
“Mañana, voy por mi hija… y por algo que Alejandro Montenegro aún no sabe”.
La llamada terminó.
Valeria permaneció inmóvil.
Ella no entendía lo que quería decir.