Lo bueno (¡Una joya para la salud!):
Adiós al estreñimiento: Tienen un titipuchal de fibra. Comer higos ayuda a que el digestivo fluya al cien y te limpia por dentro.
Corazón al 100: Son ricos en potasio y antioxidantes, lo que ayuda a nivelar la presión arterial y a cuidar las arterias.
Huesos de roble: Aportan una buena dosis de calcio y magnesio para mantener la estructura ósea fuerte.
El lado oscuro (¡Ojo aquí!):
Efecto laxante: Si te atascas comiendo demasiados, la fibra te va a mandar directo y sin escalas al baño con soltura de vientre (diarrea).
Cuidado con la glucosa: Tienen bastante azúcar natural. Aunque no es mala, la gente con diabetes debe comerlos con medida para no disparar sus niveles.
Coagulación de la sangre: Contienen vitamina K, así que si tomas medicamentos anticoagulantes, consumirlos en exceso podría alterar tu tratamiento.
En resumen: Comerlos moderadamente es una maravilla para el cuerpo, ¡pero no te pases de lanza comiendo un kilo entero de un jalón!