El cuerpo y la mente emiten ciertos indicios cuando se acerca el final:
Somnolencia profunda: El cuerpo reduce funciones y duerme la mayor parte del tiempo.
Falta de apetito: Rechazo a alimentos y líquidos porque el organismo ya no requiere energía.
Respiración irregular: Pausas largas, respiración ruidosa o agitada.
Piel fría y amoratada: Descenso de la circulación en manos, pies y labios.
Aislamiento emocional: Introspección y desconexión paulatina del entorno.
Visiones o alucinaciones: Mención frecuente de familiares fallecidos o presencia espiritual.
Lucidez repentina: Breve ráfaga inesperada de energía o claridad poco antes de partir.
Cómo acompañar el proceso
Prioriza la paz: Brinda presencia, afecto y silencio sin forzar al paciente a comer o hablar.
Aceptación y dignidad: Entender estas señales permite ofrecer una despedida amorosa y respetuosa.