—Papá… ¿puedes venir a mi habitación? Pero ven tú solo. No le digas a nadie.


PARTE 2
—Esteban, abre la puerta.
La voz de Marina sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
Lucía seguía abrazada a mí.
Sentía su cuerpo temblar.
Guardé la tableta dentro de mi chaqueta y abrí.
Marina miró primero a nuestra hija.
Después a mí.
—¿Qué están haciendo?
—Lucía no se siente bien.
—Tenemos que irnos al recital.
—No vamos a ir.
Su expresión cambió.
—¿Cómo que no?
—Voy a llevarla al médico.
Marina dio un paso hacia la niña.
Lucía retrocedió.
Ese movimiento bastó.
Mi esposa lo vio.
Yo también.
—¿Por qué te apartas de tu madre? —pregunté.
Marina frunció el ceño.
—Está nerviosa por la presentación.
—No.
La miré fijamente.
—Está aterrorizada.
El silencio se volvió pesado.
Desde la planta baja se escuchó el timbre.
Habían llegado los padres de Marina.
Ella intentó pasar.
—Bajemos y hablamos después.
Me interpuse.
—Lucía viene conmigo.
—Es mi hija.
—También es la mía.
Tomé una mochila, guardé ropa, documentos y el inhalador de Lucía.
Marina me agarró del brazo.
—No hagas una estupidez.
—¿Una estupidez como protegerla?
Su rostro perdió el color.
No dije que había visto el video.
No todavía.
Bajamos.
Ernesto estaba en la sala con un ramo de flores.
Sonrió al ver a Lucía.
—Aquí está mi pequeña pianista.
Ella se escondió detrás de mí.
Él dejó de sonreír.
—¿Qué le pasa?
—Nos vamos al hospital.
Marina intervino rápido.
—Está exagerando.
Ernesto clavó los ojos en mí.
—Los niños se caen. Se golpean. No conviertas todo en un drama.
Yo ya sabía que estaba confesando sin saberlo.
Salí con Lucía.
Mi suegro me siguió hasta la puerta.
—Piensa bien lo que vas a hacer.
Me giré.
—Eso llevo haciendo desde que vi las marcas.
Por primera vez, Ernesto mostró miedo.
Horas después, en urgencias, una doctora documentó cada lesión.
Llamaron a protección infantil.
También a la policía.
Lucía entregó la tableta.
Una fiscal llamada Paula Robles revisó los videos.
Después me pidió hablar a solas.
—Señor Navarro, esto no parece un caso aislado.
—¿Qué quiere decir?
Paula colocó tres fotografías sobre la mesa.
Eran niñas distintas.
Todas habían pasado por la fundación de Ernesto.
Todas presentaban lesiones similares.
—Creemos que su suegro lleva años usando su posición para acercarse a menores vulnerables.
Sentí náuseas.
Entonces la fiscal añadió:
—Y su esposa aparece en más de una grabación.
Continúa en la página siguiente

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