—No.

Negué lentamente.

—Era una despedida.

Por primera vez, Daniel pareció asustado.

—Emma, no puedes cancelar la boda por un malentendido.

—No es un malentendido.

—Llevamos tres años juntos.

—Y te bastaron diez minutos para intentar quitarme una casa.

—Era para ayudar a mi hermano.

—Entonces dale tu parte.

Michael intervino.

—La parte de Daniel no cubre el préstamo.

Giré hacia él.

—Exactamente.

No necesitaba decir más.

Todos entendieron.

Mi dinero era lo que convertía la casa en una garantía valiosa.

No me estaban pidiendo una ayuda simbólica.

Me estaban pidiendo que entregara el principal activo que yo había financiado para rescatar el negocio de Michael.

Y planeaban hacerlo mientras yo llevaba vestido blanco.

Daniel apretó los puños.

—Hablemos fuera.

—No tengo nada que hablar contigo.

—Soy tu esposo.

—Firmamos un registro civil preliminar sujeto a la presentación final de documentos después de la ceremonia.

Aquello era cierto.

Por razones administrativas, habíamos iniciado el trámite dos días antes, pero faltaba una comparecencia para completarlo.

Daniel lo sabía.

Y había contado con que yo no me atrevería a detenerlo.

Saqué otra carpeta de mi bolso.

—Esta mañana presenté una solicitud para suspender el proceso.

La madre de Daniel se dejó caer sobre la silla.

Michael soltó una maldición.

Daniel me miró como si acabara de golpearlo.

—¿Cancelaste el matrimonio antes de venir?

—Sí.

—Entonces, ¿por qué hiciste que todos vinieran?

La pregunta me hizo reír.

—Yo no envié las invitaciones esta mañana. Ustedes planearon esto durante semanas. Yo solo me aseguré de que nadie pudiera fingir que no sabía la razón.

Daniel miró a los invitados.

Algunos eran clientes.

Otros, socios.

También estaban sus superiores, familiares y amigos de toda la vida.

La boda que su familia había querido usar para encerrarme se había convertido en el lugar exacto donde perdían su reputación.

Su madre se levantó de nuevo.

—Emma, escucha. Estás tomando una decisión emocional. Devuelve el documento. Podemos redactar otro. Podemos incluir una cláusula de protección.

—No firmaré ninguna versión.

—Entonces acabas de destruir el futuro de Michael.

—No. Su futuro dependía de un negocio que no podía financiar sin usar mi casa.

Michael golpeó el respaldo de una silla.

—¡No sabes nada de mi negocio!

—Sé que debes seis meses de alquiler.

Se quedó pálido.

Daniel me miró.

—¿Quién te dijo eso?

—Los documentos que intentaron esconder en la carpeta del préstamo.

Saqué varias copias.

—También sé que Michael tiene dos demandas de proveedores y que el banco rechazó su primera solicitud por riesgo de insolvencia.

Los invitados comenzaron a hablar entre ellos.

Michael avanzó hacia mí, pero dos familiares se levantaron y se colocaron en medio.

—¡Me investigaste!

—No hizo falta investigar mucho. Dejaron todo en el sobre que querían que firmara.

La incompetencia de ellos era casi tan grande como su arrogancia.

Habían incluido anexos.

Balances.

Informes de deuda.

La valoración de la casa.

Incluso una propuesta de transferencia posterior a una sociedad cuyo administrador único era Michael.

Solo habían confiado en que yo no tendría tiempo de leer.

Que el vestido, la música y la presión harían el trabajo.

Daniel bajó la voz.

—Emma, puedes detener esto todavía.

—No.
Continúa en la página siguiente

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