
Una joven enfrentó rechazo y comentarios negativos debido a su vitíligo. Algunas personas la evitaban pensando erróneamente que era contagioso, mientras que otras comentaban lo difícil que debía ser para ella encontrar trabajo o relacionarse.
Con total tranquilidad, les explicó que el vitíligo no es contagioso y que no la define como persona. Les contó que ha aprendido a aceptarse, y que la discriminación no le ha impedido seguir sus sueños, terminar sus estudios y sacar adelante su propio proyecto profesional.
Sus palabras los dejaron fríos: “Ustedes vieron mis manchas antes de preguntarme mi nombre. Yo aprendí hace mucho que mi valor está en todo lo que soy, no solo en lo que pueden ver”. Esto hizo que varios de los que la habían rechazado le pidieran disculpas.
Esta historia nos recuerda que las diferencias físicas no deben ser motivo de burla ni discriminación, y que el amor propio es la respuesta más perrona ante los juicios de los demás.