
Cuando amaneciera en Miami, Martha, Chloe y Brandon descubrirían que las tarjetas que habían usado como si fueran propias ya no funcionaban, pero en ese momento ninguno de ellos sabía que yo acababa de cerrarles el acceso mientras llevaba a Nora y a Liam al hospital.
Yo no estaba pensando en su hotel, en sus reservaciones ni en la fiesta que seguramente había terminado hacía pocas horas.
Estaba mirando a Nora.
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Seguía aferrada a mi manga en el asiento trasero del taxi, encorvada para no estirar demasiado el abdomen, y cada bache de la calle le arrancaba una respiración corta que intentaba disimular. ConseguirModelos Anatómicos Y Material De Estudio
Liam iba contra mi pecho, envuelto dentro de mi abrigo, y su llanto se había convertido en pequeños quejidos intermitentes.
—Ya casi llegamos —le dije.
Nora cerró los ojos.
—No quiero que tu mamá diga que hice un escándalo.
Esa frase me dolió más de lo que esperaba porque no estaba hablando como una mujer enojada con su suegra, sino como alguien que llevaba días aprendiendo a pedir permiso incluso para sentirse mal.
—No tienes que explicarle nada a nadie ahorita.
—Spencer…
—Primero tú y Liam.
Nada más.
Cuando entramos al hospital, pedí una silla para Nora porque apenas podía mantenerse de pie y expliqué que tenía once días de haber dado a luz por cesárea, que estaba sangrando, que había empezado a temblar y que yo la había encontrado sola en un departamento casi sin comida.
No adorné nada.
No hacía falta.
Mientras la revisaban, una enfermera me pidió algunos datos y después me preguntó cuándo había comido Nora por última vez.
Volteé hacia ella.
Nora tardó en contestar.
—Comí unos fideos.
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