
—¿Te duele?
El niño guardó silencio durante unos segundos.
—A veces. Cuando intento liberarme, la abuela me sujeta y me dice que no abra los ojos.
Después de escuchar aquello, la señora Carter comprendió que no podía limitarse a hacerle unas preguntas y después enviarlo a casa.
Lucas llevaba seis meses viviendo con su abuela, Margaret. Sus padres habían muerto en un accidente de tráfico, dejando a Margaret como su única tutora.Busca Propiedades Exclusivas
La mujer siempre llegaba a la escuela con el mismo abrigo oscuro. Rara vez hablaba con los profesores o con los demás padres. Todas las tardes esperaba junto a la entrada, agarraba con firmeza la mano de Lucas y se marchaba rápidamente con él.
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El comportamiento del niño también había cambiado durante las últimas semanas. Con frecuencia se quedaba dormido en clase, se negaba a sentarse cerca de las ventanas y se sobresaltaba cada vez que alguien le tocaba accidentalmente las muñecas.
En una ocasión, la señora Carter le había preguntado por qué estaba tan cansado.Equipa Seguridad Policial
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—La abuela se sienta al lado de mi cama por las noches y me observa —había respondido Lucas.
En aquel momento, la maestra pensó que Margaret simplemente estaba preocupada por su nieto después de la pérdida de sus padres. Pero ahora aquellas palabras adquirían un significado completamente distinto.
Ese mismo día, la señora Carter informó de la situación a la directora de la escuela. Los servicios de protección infantil y la policía fueron avisados de inmediato. Decidieron visitar la casa de Margaret aquella misma noche.
Cuando terminaron las clases, la abuela esperaba junto a la entrada como de costumbre. Al notar la preocupación en los ojos de la señora Carter, se quedó completamente inmóvil durante unos segundos.
—¿Ha ocurrido algo? —preguntó Margaret.
—No. Lucas parece estar muy cansado hoy.
La abuela miró al niño. El miedo apareció en su rostro.
—Anoche volvió a ser difícil —susurró.Estudia Cursos Online
—¿Qué fue difícil?
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