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A muchas personas les pasa: en una reunión al aire libre, una sola termina llena de picaduras mientras los demás casi no son molestados. Lejos de ser mala suerte, los mosquitos tienen razones biológicas muy claras para elegir a sus “favoritos”.
Las hembras, que son las que pican, se guían por señales como el dióxido de carbono, el calor corporal y el olor natural de la piel. Personas que respiran más CO₂, tienen mayor masa corporal o hacen ejercicio suelen atraerlos más. Además, las bacterias de la piel producen aromas únicos que, en algunos casos, resultan muy atractivos para estos insectos.
El tipo de sangre también influye: los mosquitos prefieren a personas con sangre tipo O. El sudor y el ácido láctico, la ropa oscura, el consumo de alcohol, ciertos perfumes y cambios hormonales pueden aumentar aún más las picaduras.
Hay un factor clave imposible de cambiar: la genética. Se estima que hasta el 70% de la atracción hacia los mosquitos está determinada por el ADN. Por eso, algunas personas siempre parecen ser su blanco principal.
Aunque no se puede modificar la biología, usar repelente, vestir ropa clara y evitar agua estancada ayuda a reducir el problema. En conclusión, ser el preferido de los mosquitos no es personal: es pura química corporal.