
PARTE 2
Alejandro no dijo una palabra.Descubre Eventos LGBTQ+
Se quedó mirando el hombro de Araceli.
Allí, justo debajo de la clavícula, había una pequeña marca en forma de media luna.
Una cicatriz antigua.
Pero no fue la cicatriz lo que lo dejó sin aliento.
Fue el tatuaje que aparecía debajo.
Tres pequeñas letras:
RML
Alejandro retrocedió lentamente.
—¿Qué significa eso?Tratar El Insomnio
Araceli cerró la blusa de inmediato.
—Nada.
—Araceli, mírame.
Ella comenzó a llorar.
—Le dije que no preguntara.
— ¿Quiénes son Rachid, Moncho y Lupita?
Araceli permaneció en silencio.
Alejandro sintió que una terrible sospecha empezaba a formarse.
Durante meses había escuchado que ella tenía tres hijos.Adquiere Kits Biológicos
Pero nunca había visto una fotografía.
Nunca había conocido a esos supuestos niños.
Nunca había escuchado sus voces.
Y ahora entendía por qué.
—No son tus hijos —dijo finalmente.
Araceli cerró los ojos.
-No.
Alejandro sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Entonces dime la verdad.Estudia Modelos Anatómicos
Araceli respiró profundamente.
—Rachid es mi hermano.
Alejandro quedó inmóvil.
—¿Tu hermano?
—Moncho también.
—¿Y Lupita?
—Mi hermana menor.
Araceli se sentó al borde de la cama.
—Cuando murió mi padre, mi madre quedó enferma. Mis hermanos eran pequeños. Yo tuve que irme del pueblo para trabajar. Nunca tuve hijos.Trata Tus Lesiones
Alejandro recordó todos los rumores.
Todos.
—¿Y por qué dejaste que la gente pensara que eran tus hijos?
Araceli bajó la cabeza.
—Porque era más fácil soportar que me llamaran una mujer de mala fama que explicara que estaba manteniendo a tres niños que dependían de mí.
Alejandro se acercó.
—¿Y la cicatriz?
Araceli tardó en responder.
—Eso es lo que nunca quería que vieras.Organizar Fotos Familiares
Se levantó y se volvió a separar ligeramente la tela.
La cicatriz se recorría parte de su hombro y bajaba hacia el pecho.
—Cuando tenía diecisiete años, hubo un incendio en nuestra casa. Mi madre y mis hermanos estaban dentro. Yo entre para sacarlos.
Alejandro sintió un nudo en la garganta.
—¿Y esa marca?
—Me cayó encima de una parte del techo.
Araceli miró la cicatriz.
—Desde entonces llevo esto.
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