
Morí al dar a luz a trillizos.
Mientras los médicos luchaban desesperadamente por devolverme a la vida dentro de la UCI, mi esposo multimillonario firmaba los papeles del divorcio en el pasillo, fuera de la unidad de cuidados intensivos.
Walter revela que el abuelo de Cassandra controlaba en secreto el fideicomiso y las inversiones que hicieron posible el imperio de Grant Holloway.
Dentro del acuerdo matrimonial estaba oculta una cláusula: si Grant se divorciaba de Cassandra mientras ella estuviera médicamente incapacitada o hubiera actuado de forma fraudulenta, el control de las acciones familiares pasaría a ella.
Grant la firmó sin saberlo años atrás.
Cassandra descubre que Grant presentó la solicitud de divorcio mientras ella estaba inconsciente tras el parto, con la intención de quedarse con la custodia y los activos.
Sin embargo, sus acciones activaron el fideicomiso, devolviéndole sus derechos y sometiendo su empresa a revisión del consejo.
La última carta de su abuelo la insta a dejar que la verdad y las pruebas —no la ira— destruyan la traición.
En la UCIN, Cassandra conoce a sus hijos recién nacidos —Oliver, Noah y Elias— y jura protegerlos.
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