
la mirada.
—No te atrevas.
Lawrence ignoró la amenaza.
—Hace cuatro días Leonardo desapareció después de salir de una reunión con varios inversionistas.
—¿Desapareció? —preguntó Clara.
Él asintió.
—Nunca encontramos su cuerpo.
Todos comenzaron a murmurar.
Clara señaló el ataúd.
—Entonces… ¿quién es ese hombre?
Lawrence cerró los ojos unos segundos.
—No lo sabemos.
Verónica empezó a llorar.
Pero Clara ya no creyó una sola lágrima.
—Dime dónde está mi hijo.
—Yo…
—¡Mírame!
Verónica bajó la cabeza.
—No sé si sigue vivo.
Aquellas palabras fueron como un golpe.
El cementerio entero quedó paralizado.
En ese momento llegaron dos patrullas.
Un detective se acercó directamente a Lawrence.
—Recibimos una denuncia por posible sustitución de identidad y fraude documental.
Clara dio un paso al frente.
—Yo hice la denuncia hace cinco minutos.
El detective asintió.
—Necesitamos hablar con todos.
Mientras revisaban el ataúd, uno de los peritos encontró un pequeño sobre oculto
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