
una
«Nunca permitas que Viktor encuentre la llave de plata».
Ana frunció el ceño.
—¿Qué llave?
Extendió cuidadosamente el contenido del paquete sobre una manta.
Había monedas de oro antiguas.
Varios fajos de billetes.
Un collar de esmeraldas.
Dos brazaletes.
Un pequeño reloj de bolsillo.
Y una caja de madera oscura.
Dentro de la caja encontró una llave plateada.
Su corazón comenzó a latir más deprisa.
—Dios mío…
La sostuvo entre los dedos.
Era pequeña, con una inscripción casi borrada.
E. M. — 1978.
Ana miró nuevamente la carta.
«Nunca permitas que Viktor encuentre la llave de plata».
¿Quién era Viktor?
¿Y por qué alguien había escondido una fortuna dentro de un muro de tierra?
Durante varios minutos permaneció sentada en el suelo.
Pensó en su esposo.
En las noches que habían pasado calculando cómo pagar el alquiler.
En las visitas médicas que todavía debía costear.
Y en el
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