A la mañana siguiente buscamos juntos entre los formularios. Había consentimientos médicos, permisos para compartir información y un documento firmado hacía once meses.

—No recuerdo haber firmado esto —dijo Andrés.

Era una autorización para transferir información clínica y muestras biológicas a una empresa privada: Biomédica Altamira. Su dueño, Ricardo Salvatierra, era el director general del hospital, el mismo que había brindado por Andrés en nuestra última cena benéfica.

Renata me citó en una cafetería, con una carpeta gruesa y la cara cansada.

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—Alba recibió millones en financiamiento. Cuando aparecieron resultados preocupantes, algunos directivos intentaron impedir que se suspendiera. Su esposo guardó copias de los registros originales. Desaparecieron de su oficina después de su primera hospitalización.Modelos Anatomía

—¿Quién tenía acceso?

—Mateo. Y Salvatierra.

Volví al hospital con el corazón roto. Mateo me esperaba junto a la habitación.

—Entraste en la oficina de mi marido —le dije.

Cerró los ojos.

—Sí. Porque Andrés me lo pidió. Me rogó que sacara un expediente antes de que Salvatierra lo encontrara. Está en un lugar seguro. Aún no puedo dártelo: contiene algo que podría destruir este hospital.

Esa tarde Andrés tuvo una crisis. Cuando lo estabilizaron, me apretó la mano con debilidad.

—No todas las noches fuera de casa fueron por tratamientos. Intentaba encontrar a alguien: una paciente que desapareció del programa. Una niña de ocho años. Se llama Lía.

Me quedé sin aire. Lía era el nombre que yo había elegido para nuestra segunda hija, la bebé que perdí en el embarazo hacía nueve años.

—Lucía, hay algo de ese embarazo que nunca te dije. Nos dijeron que nuestra hija había muerto. Pero encontré documentos que indican que nació viva. Y creo que el Proyecto Alba sabe dónde está.

Mateo entró pálido, con el teléfono en la mano. En la pantalla había una foto: una niña de ocho años, pelo castaño, ojos verdes, y una sonrisa idéntica a la de Sofía, nuestra hija mayor, cuando era pequeña.

—La encontré. Pero Salvatierra acaba de sacarla de la clínica donde estaba internada.
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