
La misma edad que tendrían mis hijos si Rosalind
por las esquinas.
Dentro había fotografías de los gemelos recién nacidos.
Cartas.
Copias de correos electrónicos.
Y una notificación legal.
La abrí.
Mi nombre aparecía al final.
Christopher Bennett.
Debajo estaba mi firma.
El documento declaraba que yo conocía el embarazo de Rosalind y renunciaba voluntariamente a cualquier responsabilidad paterna.
Me quedé helado.
—Yo nunca firmé esto.
Rosalind me observó.
—Tu madre dijo que lo habías firmado delante de tus abogados.
Miré nuevamente el papel.
La firma era casi perfecta.
Pero había algo extraño.
La fecha coincidía con el día
en que yo estaba en Londres inaugurando un hotel.
—Esto es falso.
Rosalind comenzó a llorar silenciosamente.
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