
En 1982, Deborah Scaling-Kiley tenía apenas 24 años cuando un viaje en velero por el océano Atlántico se transformó en una experiencia que marcaría su vida para siempre. Una tormenta tropical hizo volcar la embarcación en la que viajaba junto a otras cuatro personas y obligó a toda la tripulación a refugiarse en una pequeña balsa salvavidas. Lo que parecía una situación de emergencia que podría resolverse con un rescate pronto se convirtió en una lucha por sobrevivir durante cinco días, con escasas provisiones y tiburones que rondaban constantemente la embarcación inflable.
La joven consiguió regresar con vida, al igual que otro integrante del grupo. Sin embargo, tres de sus compañeros murieron durante la travesía. Años después, su relato permitió conocer algunos de los momentos más difíciles de aquella experiencia y las decisiones que, en medio de la deshidratación y el agotamiento, agravaron una situación que ya era extremadamente peligrosa.
El viaje había comenzado en la costa de Maine y tenía como destino Florida. Deborah formaba parte de un grupo encargado de trasladar un yate de lujo llamado Trashman hasta su nuevo propietario. A bordo se encontraban el capitán, John Lippoth, su pareja, Meg Mooney, un navegante identificado como Brad, Mark Adams y la propia Deborah.
La travesía avanzaba con normalidad hasta que, aproximadamente dos días después de partir, una tormenta tropical sorprendió a la embarcación. Las condiciones meteorológicas provocaron que el yate volcara y que sus ocupantes tuvieran que abandonarlo para buscar refugio. Los cinco consiguieron llegar a una balsa salvavidas, pero todavía estaban lejos de encontrarse a salvo.
Poco después de subir a la pequeña embarcación, advirtieron que varios tiburones se desplazaban alrededor de ellos. La presencia de los animales aumentó el temor de los náufragos, que debían permanecer juntos en un espacio reducido mientras esperaban que alguien los encontrara.
Durante una entrevista para el programa televisivo I Shouldn’t Be Alive, Deborah recordó la impresión que le causó aquella escena. «En el momento en que entramos, había aletas rodeando el bote», contó.
A continuación, resumió la situación con otra frase: «Estaban por todas partes.»
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