Durante todo ese período, Jaycee permaneció aislada en instalaciones situadas en la parte posterior del domicilio. Su vida quedó completamente separada del entorno habitual y bajo el control de sus captores. Phillip Garrido llegó a utilizar el nombre “Allissa” para referirse a ella y construyó una serie de explicaciones destinadas a mantenerla alejada de cualquier posibilidad de contacto con el exterior.
El aislamiento no terminó con el paso de los años. Por el contrario, la situación se prolongó hasta la edad adulta de Jaycee y tuvo consecuencias que se conocieron recién después de su liberación. Durante el período de cautiverio, tuvo dos hijas, nacidas cuando ella tenía 14 y 17 años respectivamente.

Las dos niñas crecieron dentro de la propiedad de los Garrido y tuvieron una relación muy limitada con el mundo exterior. Paradójicamente, la presencia de las menores terminó siendo uno de los elementos que permitió que las autoridades prestaran mayor atención a las actividades de Phillip Garrido.

El punto de inflexión llegó en agosto de 2009, cuando Garrido acudió al campus de la Universidad de California en Berkeley acompañado por las dos niñas. Su intención estaba relacionada con la organización de un evento de carácter religioso, pero su comportamiento despertó dudas entre los responsables del lugar.
Al revisar sus antecedentes, las autoridades comprobaron que Garrido era un delincuente registrado y que se encontraba bajo libertad condicional. También llamó la atención que estuviera acompañado por dos menores cuya existencia no había sido comunicada adecuadamente al responsable encargado de supervisarlo.
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