La situación llevó a una revisión más profunda. El 26 de agosto de 2009, Garrido se presentó ante su oficial de libertad condicional acompañado por Nancy, Jaycee y las dos niñas. En aquel momento intentó explicar que las jóvenes formaban parte de su entorno familiar y continuó utilizando el nombre “Allissa” para referirse a Jaycee.

Sin embargo, las inconsistencias de sus explicaciones provocaron nuevas preguntas. Finalmente, Jaycee pudo revelar su verdadera identidad y las autoridades confirmaron que aquella mujer era la niña desaparecida 18 años atrás.

El descubrimiento puso en evidencia importantes interrogantes sobre la supervisión a la que Garrido había estado sometido. Los agentes habían realizado controles durante los años anteriores, pero las zonas ubicadas en la parte posterior de la propiedad donde permanecían Jaycee y sus hijas no habían sido revisadas de manera adecuada.
La actuación de las autoridades fue posteriormente objeto de numerosas críticas. Como consecuencia de las fallas relacionadas con la supervisión del delincuente, el Estado de California alcanzó un acuerdo de aproximadamente 20 millones de dólares con Jaycee y su familia.

El proceso judicial contra los responsables concluyó en 2011. Phillip Garrido se declaró culpable de los delitos relacionados con el secuestro y recibió una condena de 431 años a cadena perpetua. Nancy Garrido también fue declarada culpable por su participación y recibió una pena de 36 años a cadena perpetua.
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