
En la pantalla apareció Martina entrando a mi despacho.
Llevaba una carpeta.
Mi madre la seguía.
La cámara registró perfectamente su conversación.
—¿Ya encontraste los documentos? —preguntó Vesna.
—Sí. Los de la casa y las cuentas de ahorro.
Mi madre sonrió.
—Perfecto. Marko siempre hace lo que le digo. Solo necesitamos conseguir su firma.
Sentí un escalofrío.
Entonces comprendí que su crueldad hacia Ivana podía estar relacionada con algo más que el odio.
Esa tarde mi abogado revisó los documentos que faltaban del despacho.
Entre ellos estaba una solicitud de transferencia de propiedad.
La vivienda familiar.
La casa que había comprado para Ivana y Luka.
Mi madre había preparado papeles para registrarla a su nombre.
Pero lo peor todavía estaba por llegar.
Mi abogado encontró también una copia de una declaración médica.
Supuestamente firmada por Ivana.
En ella se afirmaba que mi esposa no estaba en condiciones de cuidar de nuestro hijo.
Miré el documento con incredulidad.
—Ivana nunca firmaría esto.
Mi abogado asintió.
—Su firma parece haber sido falsificada.
Sentí que la sangre me hervía.
Mi madre no solo había humillado a mi esposa.
Parecía haber intentado construir una justificación para apartarla de Luka.
Cuando regresé al hospital, Ivana estaba sosteniendo al bebé.
Luka dormía tranquilamente contra su pecho.
Me acerqué despacio.
—Ivana, encontré los documentos.
Ella levantó la mirada.
Y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré.
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En lugar de sorprenderse, comenzó a temblar.
—Marko… hay algo que todavía no te he contado.
Me senté inmediatamente.
—Dime.
Ivana miró hacia la puerta.
—Tu madre no quería solamente la casa.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Qué quería?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Quería que firmara una declaración diciendo que yo abandonaba voluntariamente a Luka.
Me quedé sin respirar.
—¿Por qué?
Ivana comenzó a llorar.
—Porque Martina no puede tener hijos. Tu madre dijo que Luka debía crecer con ella.
El mundo pareció derrumbarse.
Pero Ivana todavía no había terminado.
—Cuando me negué, Martina dijo que ya tenían un plan.
—¿Qué plan?
Ivana apretó a nuestro bebé contra su pecho.
—Marko, escuché a tu hermana hablando con alguien por teléfono.
Su voz se quebró.
—Le dijo que, cuando yo desapareciera de la casa, podrían presentar los documentos y llevarse a Luka.
Me levanté lentamente.
—¿Con quién hablaba?
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Ivana negó con la cabeza.
—No lo sé. Pero mencionó un nombre.
—¿Cuál?
Mi esposa me miró con verdadero terror.
—El doctor que atendió mi parto.
Sentí que el corazón se me detenía.
Porque aquel médico había sido recomendado personalmente por mi madre.
Y justo entonces mi teléfono vibró.
Era la inspectora Kovač.
—Señor Horvat, hemos encontrado algo urgente en los registros del hospital.
—¿Qué ocurrió?
La inspectora guardó silencio unos segundos.
—Alguien intentó modificar los datos de identificación de su hijo antes de que recibiera el alta.
Miré a Luka dormido en brazos de Ivana.
—¿Modificar qué datos?
La respuesta me heló la sangre.
—El nombre de la madre registrado en su expediente.
Y cuando la inspectora me dijo quién había solicitado el cambio, comprendí que la traición había comenzado incluso antes de que Luka naciera.
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