
**PARTE FINAL — EL MILAGRO DEL PERRITO QUE SOBREVIVIÓ 16 DÍAS ENCERRADO**
La veterinaria Susana Beltrán volvió a examinar al pequeño perro y me miró con preocupación.
—Carlos, hay algo que debes saber. Este animal está tan deshidratado y desnutrido que sus órganos podrían empezar a fallar en cualquier momento. Si no actuamos inmediatamente, quizá no sobreviva a esta noche.
Sentí un nudo en la garganta.
—Doctora, haga lo que sea necesario. Yo pagaré los gastos.
Rubén me miró sorprendido.
—Carlos, ¿estás seguro?
—Después de todo lo que ha sufrido, no pienso abandonarlo.
Lo envolvimos cuidadosamente en una manta y lo llevamos a la clínica veterinaria.
Durante el trayecto, el perrito apenas se movió. Pero cuando coloqué mi mano cerca de su cabeza, hizo un pequeño esfuerzo para lamerme los dedos.
Aquello me rompió el corazón.
Era como si, incluso después de tanto sufrimiento, todavía confiara en las personas.
En la clínica, Susana comenzó inmediatamente el tratamiento. Le administraron líquidos intravenosos, controlaron su temperatura y realizaron análisis para comprobar el estado de sus órganos.
Las noticias no eran buenas.
Tenía una deshidratación severa, estaba extremadamente débil y su organismo apenas tenía reservas de energía.
—Las próximas 48 horas serán decisivas —nos explicó la veterinaria.
Aquella noche no pude dormir.
Mi esposa, Elena, me encontró sentado en la cocina a las tres de la madrugada.
—¿Sigues pensando en el perrito?
Asentí.
—No puedo quitarme de la cabeza cómo nos miró cuando abrimos aquella puerta.
Elena se sentó a mi lado.
—Entonces, si sobrevive, tendremos que buscarle un hogar.
La miré.
—¿Y si ese hogar fuera el nuestro?
Ella sonrió suavemente.
—Primero vamos a rezar para que salga adelante.
A la mañana siguiente llamé a la clínica.
Susana respondió después de varios tonos.
—Carlos, tengo noticias.
Sentí que el corazón se me aceleraba.
—Dígame, doctora.
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