Cada invierno, miles de estorninos migran desde el norte de Europa hacia Roma en busca de un clima más cálido. Al atardecer, forman enormes bandadas que se mueven de manera sincronizada, creando figuras cambiantes en el cielo que parecen nubes vivas.
Este espectáculo natural atrae a turistas y fotógrafos, ya que las aves dibujan coreografías hipnotizantes sobre monumentos como el Coliseo y el río Tíber.
Sin embargo, no todo es belleza. La gran cantidad de aves provoca molestias por sus excrementos en calles y autos. Aunque las autoridades intentan ahuyentarlas con luces y sonidos, los estorninos regresan cada año.
Para muchos, pese a los inconvenientes, este fenómeno sigue siendo una de las escenas naturales más fascinantes de Europa.