Seguro lo has visto alguna vez: el puño cerrado con el pulgar metido entre el índice y el dedo medio. Parece un gesto infantil, pero tiene una historia bien interesante.
Conocido como la “higa”, este gesto se usaba hace generaciones para decir un “no” firme pero sin hacer pleito. Era una forma discreta de rechazar algo sin levantar la voz. En varios pueblos de Europa también se consideraba un símbolo de protección, como un pequeño amuleto contra las malas vibras.
Con el tiempo, la higa se volvió parte de juegos infantiles y bromas familiares. Muchos la usaban como una señal secreta, casi como diciendo: “no te creas” o “no me convenciste”.
Hoy casi no se usa, porque ahora respondemos con emojis o mensajes rápidos. Pero este pequeño gesto sigue siendo un recuerdo de cómo antes se podían decir muchas cosas… sin pronunciar una sola palabra.