Durante años se habló de la intimidad solo como placer o vínculo emocional, pero la ciencia demuestra que también es un proceso biológico que activa distintos sistemas del cuerpo.
Cuando es consensuada y positiva, se liberan hormonas como la oxitocina, dopamina y endorfinas, relacionadas con el bienestar, la reducción del estrés y la conexión emocional. Además, disminuye el cortisol, lo que favorece la relajación y un mejor descanso.
A nivel físico, implica un aumento moderado de la frecuencia cardíaca, similar al ejercicio ligero, lo que puede beneficiar la salud cardiovascular en personas sin contraindicaciones médicas. Algunos estudios también sugieren que podría fortalecer ciertas defensas del sistema inmune.
Especialistas aclaran que estos beneficios dependen del respeto, la comunicación y el consentimiento. No se trata de una obligación ni sustituye hábitos saludables como la buena alimentación o el ejercicio, sino que puede formar parte de un equilibrio integral entre cuerpo y mente.