Ese leve “toque eléctrico” al saludar o rozar la piel tiene una explicación científica: se trata de electricidad estática. Ocurre cuando el cuerpo acumula cargas eléctricas —generalmente por fricción entre la ropa, el calzado o ciertos materiales— y, al entrar en contacto con otra persona u objeto, los electrones se desplazan rápidamente para equilibrarse, generando la chispa.
Factores como el clima seco, la baja humedad, las alfombras o las fibras sintéticas favorecen estas descargas. En ambientes húmedos, en cambio, la electricidad se disipa con mayor facilidad.
En la mayoría de los casos es un fenómeno inofensivo y dura solo un instante. Solo en situaciones específicas, como en personas con dispositivos médicos implantados, podría requerir precaución.
Lejos de ser algo misterioso, es una manifestación cotidiana de las leyes básicas de la física.