Hace apenas cinco minutos, una escena caótica se desató en Ciudad de México cuando un autobús de pasajeros fue completamente consumido por las llamas en una de las principales avenidas de la ciudad. El fuego envolvió la unidad en cuestión de segundos, dejando únicamente una estructura metálica retorcida y ennegrecida sobre el asfalto. Una densa columna de humo y el olor a plástico y combustible quemado se extendieron rápidamente, alertando a vecinos y automovilistas a varios kilómetros a la redonda.
La respuesta de seguridad fue inmediata y masiva. Patrullas bloquearon carriles, agentes aseguraron el perímetro, ambulancias permanecieron en espera y unidades tácticas en motocicleta recorrieron la zona. El tránsito se detuvo por completo, mientras algunos conductores descendían de sus vehículos para observar lo ocurrido. Testigos señalaron haber escuchado una explosión antes de que el fuego se propagara, aunque aún no se confirma si el siniestro fue causado por una falla mecánica, un acto intencional o si está relacionado con algún operativo de seguridad.
Habitantes cercanos vivieron momentos de pánico; padres de familia acudieron rápidamente por sus hijos a las escuelas y algunos comercios cerraron por precaución. Helicópteros sobrevolaron el área, aumentando la tensión en la zona.
De manera preliminar, no se reportan víctimas mortales confirmadas, aunque varias personas fueron atendidas por inhalación de humo y crisis nerviosa. Peritos ya trabajan en el lugar, recabando evidencia para determinar la causa exacta del incendio.
El incidente pone en evidencia la vulnerabilidad de la seguridad urbana, los retos en la respuesta a emergencias y el fuerte impacto que eventos inesperados pueden generar en la vida cotidiana de la ciudad.