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Al ver fotos antiguas de los años 70, es evidente que la mayoría de las personas lucían más delgadas. No solo artistas, sino gente común. Esto no se debía a dietas estrictas, sino a un entorno diferente que favorecía un peso más equilibrado.
La alimentación era más simple y menos procesada. Las porciones eran moderadas y el azúcar no estaba presente en casi todos los productos. Además, el movimiento formaba parte de la vida diaria: se caminaba más, los trabajos eran menos sedentarios y los niños jugaban al aire libre.
Las comidas se hacían con calma y atención, sin pantallas. El consumo de refrescos era ocasional y el agua predominaba. También se dormía mejor, con rutinas más estables y sin distracciones tecnológicas.
Aunque no era una época perfecta, el entorno ayudaba al equilibrio corporal sin necesidad de contar calorías. Hoy, recuperar parte de esos hábitos —comer mejor, moverse más y descansar bien— puede ayudarnos a sentirnos mejor con nuestro cuerpo.