El susto: Mientras limpiabas el cuarto de tu novia, encontraste un objeto rarísimo escondido debajo del armario. Como estaba lleno de polvo y pelos, se veía espantoso y hasta parecía que tenía vida. Te quedaste congelado y la mente te empezó a jugar chueco con puras historias de terror.
La realidad: Con mucho cuidado y usando un pañuelo, agarraste el dichoso objeto y decidiste enseñárselo a tu novia para salir de dudas. En cuanto lo vio, ella se soltó a reír con todo: era un simple juguete de gelatina viejo que se había rodado ahí abajo hace mucho tiempo.
El alivio: Al final, el miedo se convirtió en vergüenza y puro alivio, y los dos terminaron botados de la risa por cómo un pedazo de plástico mugroso te pegó el susto de tu vida.