Una chava se hizo viral en redes sociales por negarse a cambiarle su asiento de ventana a un niño durante un vuelo, desatando un debate perrón en internet.
Aquí se armó la campal entre dos bandos:
Los que defendieron a la pasajera: Dicen que ella planeó su viaje, escogió y pagó extra por su ventana, así que no tiene ninguna obligación de regalarlo. El descuido de los papás de no reservar con tiempo no es su problema.
Los que la criticaron: Opinan que le faltó empatía, que ceder el lugar hubiera sido un gesto chido y que los niños se emocionan mucho al ver las nubes, por lo que no le costaba nada ser amable.
En conclusión: El chisme demostró que viajar en avión ya de por sí es estresante y que, aunque ser amable es chido, la cortesía jamás debe convertirse en una exigencia social a la fuerza. Si quieres ventana, ¡págalo con tiempo!