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El herpes zóster, conocido como culebrilla, es una enfermedad causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela. Tras la infancia, el virus permanece latente en el organismo y puede reactivarse años después cuando el sistema inmunológico se debilita, por estrés, envejecimiento o enfermedades.
Suele comenzar con dolor, ardor u hormigueo localizado, antes de que aparezca una erupción en un solo lado del cuerpo, siguiendo el recorrido de un nervio. El dolor puede ser intenso y persistente. Si no se trata a tiempo, puede derivar en neuralgia posherpética, una secuela dolorosa que dura meses o incluso años.
El tratamiento antiviral temprano reduce complicaciones. Aunque no se contagia directamente, puede transmitir el virus a personas no vacunadas, causándoles varicela. Actualmente existen vacunas que ayudan a prevenir la enfermedad o a disminuir su gravedad, especialmente recomendadas en adultos mayores.
Reconocer los síntomas a tiempo y consultar al médico es clave para evitar complicaciones y proteger la calidad de vida.