
Al principio, parecían inofensivos.
Entonces comenzaron a acumularse. “Me di cuenta de que una de mis pulseras no estaba donde la había dejado”.
“Las chicas parecen estar más apegadas a ella que a cualquier otra persona.”
“Ella se siente demasiado cómoda aquí.”
“Ella sabe demasiado.”
“Ella actúa como si no existiera, y esas son las personas peligrosas”.
Al principio, Emiliano lo había ignorado.
Pero la duda es extraña.
No derriba la puerta.
Se cuela por las grietas.
Y una vez dentro, todo empieza a cambiar.
Pronto se encontró reviviendo momentos que nunca antes le habían molestado.
Rosa sabía exactamente cómo le gustaban los sándwiches a Martina.
La forma en que Daniela corría a su encuentro nada más salir de clase.
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